23 marzo 2005

El sexo tantrico

Medio mundo habla de él mientras la otra mitad se pregunta lo que es. He aquí un intento de resolver las dudas, las mías propias incluidas.

Perdido en los albores de la civilización, mucho antes de que los arios invadieran la India trayendo su cultura y su filosofía, florecía en el Sur de la Península Índica el Tantra: la más auténtica sabiduría hindú. Una filosofía, una visión del mundo y una actitud religiosa con directas implicaciones en la vida cotidiana... Así lo desarrollaron los Dravidianos, naturales de la región. Y así permanece aun, no obstante el paso de los milenios y las embestidas culturales de otros grupos.

¿Por qué nos interesa hoy el Tantra? ¿Qué tiene para ofrecernos esta ancestral filosofía y su contracara práctica, las técnicas de Tantra Yoga? El interés de Occidente por este conocimiento se basa en la particular visión que tiene el Tantra sobre lo masculino, lo femenino y la sexualidad. Todo el Universo es explicado por esta relación de los principios pasivo y activo, caliente y frío, femenino y masculino. En la unión mística de estos principios, reproducida terrenalmente por el maithuna, la unión sexual entre el hombre y la mujer, ve la realización de la creación.

Pero cuidado: el tantrismo, como toda filosofía de la India, tiene un objetivo primario e irrenunciablemente espiritual. Aun cuando recurran a la herramienta del placer sexual (bhoga), el hombre y la mujer tántricos están buscando algo mucho más elevado: la realización total de las potencialidades divinas encerradas en el ser humano.

El hombre representa al principio originario, Shiva, la pura consciencia, quien saca de sí el universo a través de su poder: Shakti. Ella es su contracara femenina, quien desarrolla toda actividad. Shiva es conciencia, origen. Shakti es poder, acción. Todos tenemos ambos principios en nuestra naturaleza, y el Tantra ve en cada hombre a Shiva y en cada mujer a Shakti. Ambos principios son inseparables, y allí está el significado místico de la unión sexual. Shiva reencuentra a su Shakti y toma de ella poder. Y Shakti encuentra a su Shiva originario y recibe de él el principio de la vida, la semilla original...

El lugar que da el Tantra a la mujer en la relación entre los sexos es principal y activo. La expresión más patente es la posición que ella adopta durante el maithuna o unión sexual. Es ella la que domina, tomando el hombre una postura más pasiva. Es ella la que domina, tomando el hombre una postura más pasiva. Por lo general, él está tendido de espaldas y ella disfruta de su pene erecto rotando sobre él su pelvis, tanto y cuanto quiere. Él debe estar preparado para darle todo el placer que ella requiera, controlando su eyaculación. Sin embargo, esta actitud pasiva tiene en el fondo mucho de control de la situación. Veamos cómo:

"Ella (la mujer, la energía femenina) es la que evoluciona sobre el hombre durante el acto sexual, ella extrae, lucha por extraer el semen masculino; pero no ha de lograrlo cuando ella quiera, sino que es prerrogativa del hombre soltarlo cuando él lo decide."

"El Ser Original, como veedor estático e imperturbable, es masculino y pasivo; como energía dinámica que se despliega de sí mismo, es activo y femenino. Por ello en la ejecución del acto sexual tántrico (el maithuna), el hombre adopta un papel estático y la mujer un papel dinámico, para homologar así el acto de la creación cósmica... Shiva es la luz que ilumina y se autoilumina. Y es, asimismo, el sol interior en cada ser humano, la esencia ontológica, el uno-sin-dos, el veedor inafectado. Para el tantrik (practicante del Tantra), la mujer es la diosa en forma carnal, otorgadora de poder. ¿Quién dentro de sí mismo no dispone de Shiva y Shakti, a la espera de encontrarse en fecundo abrazo de autorrealización? El verdadero maithuna, la auténtica ceremonia sexual, es un intento por, a través de la plenitud sexual, hallar ese estado en el que Shiva y Shakti se identifiquen".

También en este sentido la visión tántrica propone una novedad sobre una típica conducta sexual de dominio de uno sobre el otro. Por un lado, la mujer es la Diosa que lleva en sí la capacidad de crear, y a la cual el hombre deberá satisfacer tanto como lo requiera. Pero ella, a su vez, necesita de la semilla original y no se saciará hasta obtenerla de su Dios, el hombre. El semen es el símbolo del poder creador original, que remite a una energía inteligente, mental, más que a un líquido del cuerpo. Como se ve, en el maithuna tántrico ambos son dioses, ambos se veneran mutuamente, ambos se inclinan ante el otro para poder recibir lo que necesitan. Placer, fecundidad, poder, amor.

Espero que os haya gustado y que también os haya sacado de dudas. Si alguien tiene alguna anécdota que contarnos que no lo dude, jeje. Ahí están los comentarios y la página siempre está abierta a nuevos artículos.

1 Comments:

At 4:44 p. m., Anonymous Anónimo said...

Vamos que las mujeres son unas viciosas que no buscan mas que extraernos el semen y rotar sobre nuestros penes.

Como hombre, casi prefiero la visión occidental del sexo donde la mujer es receptáculo que sólo tiene que abrirse de piernas y si hay que rotarla, darle vueltas o hacer piruetas, pues se hace y punto(dicho de manera escueta claro, no digo que no pueda haber amor, semillas y todo eso ).

¿Es esto el inicio de una sección sexual más puro estilo Carmen Bijander ( o como se diga) o Dra Ochoa?

Jandro

 

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