29 abril 2004

Hace tiempo que no siento nada al hacerlo contigo...

El título es un extracto de una canción de Rocío Jurado, muy española y se le pira mucho, igual que al que escribe, verdad? Es el mes de Mayo, que me trastorna...

Solo quería "justificarme" un poco pq hace mucho tiempo que no actualizo mi blog con un post tan estupendo como los últimos, es decir, como los primeros. Os estoy mal acostumbrando. La razón es simple, ni tiempo ni inspiración. Esta página había sido pensada para que todos participarais con un post de vez en cuando, pero aun no he recibido ninguno, incluso aquellos prometidos...

En fin, deciros que no me desanimo y por eso espero actualizarme con un posito que nos llene a todos. Por cierto, avisaros también de que tenemos un nuevo link a una nueva y estupendísima página de acordes www.ultimate-guitar.com que está genial... está linkeado en la sección acordes.

Como habreis observado estoy haciendo pruebas con los colores de la página, pero tengo un gusto nulo (tb lo habreis observado), así que me gustaría que dijerais combinaciones chulas, bonitas o elegantes, vale? Porfaaaaaaaaa

Nada más, desear suerte a todos los accionistas de Fadesa, y espero recibir noticias de todos, vale? Nada más por lo de ahora...

15 abril 2004

Manifiesto contra la "TELEBASURA"

Un grupo de televidentes se han parado a confeccionar un manifiesto en contra de la telebasura y han utilizado internet para su divulgación. Yo lo he recibido, y considero que al menos podríamos leerlo, ya que éste es un tema que siempre pulula en el ambiente, pero nunca nos paramos a reflexionar más allá de lo que dice, por ejemplo, Pedro Ruiz (los que vean "la noche abierta" me comprenderán). De todas formas, todos tenemos nuestra libertad para pensar que la telebasura es una lacra para la sociedad, o bien es una válvula de escape, o lo que opine cada uno. Yo os lo pongo y cada uno es cada uno:

1. El termino "telebasura" viene dando nombre, desde la pasada década, a una forma de hacer televisión caracterizada por explotar el morbo, el sensacionalismo y el escandalo como palancas de atracción de la audiencia.

La telebasura se define por los asuntos que aborda, por los personajes que exhibe y coloca en primer plano, y, sobre todo, por el enfoque distorsionado al que recurre para tratar dichos asuntos y personajes.

2. Los promotores de la telebasura, en su búsqueda de un "mínimo común denominador" capaz de concitar grandes masas de espectadores ante la pantalla, utilizan cualquier tema de interés humano, cualquier acontecimiento político o social como mera excusa para desplegar lo que consideran elementos básicos de atracción de la audiencia: sexo, violencia, sensiblería, humor grueso, superstición, en muchos casos de forma sucesiva y recurrente dentro del mismo programa.

Bajo una apariencia hipócrita de preocupación y denuncia, los programas de telebasura se regodean con el sufrimiento; con la muestra mas sórdida de la condición humana; con la exhibición gratuita de sentimientos y comportamientos íntimos. Desencadenan una dinámica en la que el circense "mas difícil todavía" anuncia una espiral sin fin para sorprender al espectador.

3. La telebasura, cuenta, también, con una serie de ingredientes básicos que la convierten en un factor de aculturización y desinformación, así como en un obstáculo para el desarrollo de una opinión publica libre y fundamentada:

- El reduccionismo, con explicaciones simplistas de los asuntos mas complejos, fácilmente comprensibles, pero parciales o interesadas. Una variante de este reduccionismo es el gusto por las teorías conspiratorias de no se sabe qué poderes ocultos, que en muchos casos sirven de coartada a determinados personajes y grupos de presión en su labor de intoxicación.

- La demagogia, que suele presentar todas las opiniones como equivalentes por si mismas, independientemente de los conocimientos sobre los que se sustentan o de sus fundamentos éticos. A ello contribuye la realización de supuestos debates y encuestas, que no son sino simulacros de los verdaderos debates y encuestas, y que lejos de arrojar luz sobre los problemas contribuyen a consolidar la idea del "todo vale".

También la demagogia cuenta con una variante: el despliegue de mensajes esotéricos, milagreros y paranormales, presentados de forma acrítica y en el mismo plano de realidad que los argumentos cientificos.

- El desprecio por derechos fundamentales como el honor, la intimidad, el respeto, la veracidad o la presunción de inocencia, cuya conculcación no puede defenderse en ningún caso apelando a la libertad de expresión.

Este desprecio desemboca en la realización de "juicios paralelos"; en el abuso del amarillismo y el escándalo: en la presentación de testimonios supuestamente verdaderos pero que en realidad provienen de "invitados profesionales". Y, por supuesto, en el apoteosis de una televisión de la trivialidad, basada en el protagonismo de los personajes del mundo rosa y gualda, cuyas nimiedades y conflictos sentimentales, tratados desde el mas descarado amarillismo, son otro de los ingredientes de esta infecta salsa. El problema es todavía mas sangrante cuando este tipo de contenidos se difunden a través de las televisiones publicas, cuya obligación moral y legal es suministrar productos, ética y culturalmente, solventes.

4. La telebasura no ha inventado nada: el halago fácil al espectador, el gusto por el sensacionalismo, vienen de muy antiguo. Pero en la actualidad, la enorme influencia social de los medios de comunicación de masas agranda de forma exponencial los efectos negativos de este tipo de mensajes.

-La telebasura se encuentra hoy en un momento ascendente de su ciclo vital. Es como un cáncer, cuya metástasis tiende a invadirlo todo, o quizás como un virus informático que, contamina lo que toca y acaba por impedir el mantenimiento o la aparición en las parrillas de otros modelos de información mas respetuosos con la verdad y con el interés social.

5. Ha llegado el momento de que todos los agentes implicados en la actividad televisiva tomen conciencia de su responsabilidad ante la telebasura, que por supuesto varia en importancia según la capacidad de cada uno de condicionar las reglas del mercado.

Responsabilidad, por tanto de los Poderes Públicos, de las cadenas, de los anunciantes. Responsabilidad de los programadores y de los profesionales. Y responsabilidad, también, del ciudadano, que aun sin dejarse engañar por la falacia del "espectador soberano" que por su mero dominio del mando tiene la capacidad de modelar la oferta, debe saber que su decisión de ver un programa no esta exenta de consecuencias, ni para su propia dignidad ni para el propio mercado televisivo.

En la televisión nos enfrentamos con un fenómeno social complejo articulado en grandes compañías de cuya objetividad es licito discrepar. Detrás de los medios de comunicación existen intereses, poderes y modelos sociales e ideológicos. por tanto, cuestionar su objetividad y preguntarse el porque de determinadas insistencias en un tema mientras se ignoran otros, es una forma de empezar a comprender críticamente los mensajes televisivos.

FIN

08 abril 2004

Hace solo 10 años-art. seleccionado

Hace ahora diez años que, ante la indiferencia internacional, se perpetró en Ruanda uno de los más terribles genocidios conocidos. Alrededor de 800.000 personas perecieron en tres meses, según estimaciones conservadoras. El pogromo de tutsis, uno de los tres grupos étnicos del encerrado país africano, no fue una acción espontánea. Fue cuidadosamente planeado durante meses por fanáticos hutus para perpetuarse en el poder, y esperaron el pretexto para ejecutarlo. La señal fue el derribo del avión del presidente Habyarimana, el 6 de abril de 1994, del que la mayoría hutu acusó a la minoría tutsi.

El mundo no se conmovió por lo sucedido en Ruanda. En muchas zonas del planeta, las noticias de las matanzas vertiginosas a machetazos y golpes de azada se recibieron con el desinterés que los países desarrollados reservan para las peleas entre tribus rivales. Prácticamente nadie recuerda el nombre de algunos de aquellos carniceros, comparables a los jemeres rojos camboyanos. El jefe del las tropas de la ONU destacadas entonces en el país lo acaba de resumir descarnadamente con la expresión "los ruandeses no importan".

La ONU ha entonado con años de por medio su mea culpa ritual por su incapacidad para detener matanzas, como en Srebrenica (Bosnia, Europa) al año siguiente. Occidente pudo haber parado el exterminio de Ruanda con una modesta intervención militar, pero se desentendió. Bélgica, nefasta potencia ex colonial, recomendó disminuir las tropas de Naciones Unidas. EE UU, escarmentado de su experiencia somalí el año anterior, miraba para otro lado. Francia armaba regularmente a su cliente, el Gobierno exterminador.

El legado del histórico genocidio es abrumador para los supervivientes: una generación de huérfanos, de mujeres violadas, de enfermedades sexuales, de traumas atroces. Muchos de los instigadores de la afrenta se pasean libremente por países africanos o europeos. De aquellos hechos que avergüenzan al mundo desarrollado queda un tribunal penal ad hoc que después de varios años renquea en la vecina Tanzania, y cierta determinación, plasmada trabajosamente en la Corte Penal Internacional, para perseguir a los asesinos de masas.

Ruanda vive hoy en relativa paz, lo que no deja de ser un logro insólito, bajo la mano de hierro del partido del presidente Paul Kagame, tutsi del ejército rebelde en el exilio que detuvo el genocidio al ganar la guerra. Kagame nunca estará en el panteón de los demócratas, pero para los ruandeses la falta de libertad, un mal endémico, es menos importante que la posibilidad de convivir y comer. Para la comunidad internacional, sin embargo, hay un nuevo desafío africano en puertas: Sudán. Kofi Annan advirtió ayer de un genocidio potencial en la región occidental de Darfur, donde milicias árabes armadas por el Gobierno están expulsando de sus casas a cientos de miles de habitantes de la zona. Jartum rechaza cualquier intervención exterior y alega, como es habitual, que se trata de diferencias tribales. La ONU tendrá que decidir inmediatamente entre actuar o, una vez más, esperar y ver.